sábado, 8 de septiembre de 2012

A los 83 años, sigue dejando los autos como si fueran un chiche


Vive en General Pacheco




“Chiche” Soula trabajó en Ford con los grandes prototipos. Y luego en otra empresa. Hoy tapiza modelos en su taller. "En los '60 me vine a este barrio, pero en Tigre me conoce todo el mundo", dice.


Le dicen “Chiche”, y tal vez sea por cómo deja los autos antiguos que desde todas partes de la provincia de Buenos Aires le llevan a restaurar. “Chiche” Soula, de 83 años, vecino de General Pacheco, no hace caso a nada ni nadie y pese a la edad sigue como si nada en su taller cubriendo techos, asientos y detalles con su magia hecha cuerina.
Julio Juan Carlos –así sus verdaderos nombre– nació en el pueblito bonaerense de Salazar y a los tres años ya estaba en Tigre, “donde se ven en el cielo las mejores Tres Marías”, dice poético anticipando su inoxidable amor por la ciudad.
“Mi papá Alfredo puso una talabartería en pleno centro de Tigre, en la calle Cazón, y yo de a poco fui aprendiendo el oficio, pero como me gustaban mucho los automóviles me fui haciendo tapicero y ya a los 16 años tenía un montón de trabajo”, explica.
“Chiche” cuenta que su padre no le regaló juguetes ni pelotas de fútbol, sino una máquina de coser Singer, única, reluciente, nueva, para que le diera nomás tela suelta a su pasión de tapicero. Y nunca se olvida de cuando allá por 1943 dejó a nuevo un Opel Capitán de origen alemán: “En ese entonces era cuero puro, una verdadera belleza, después fue llegando el vinílico, el plástico. Pero antes era cuero puro, gran parte llegaba importado de Italia”, asegura.
De belleza en belleza saltaba “Chiche”, porque se metía en los clubes de aquella época en Tigre, buscando divertirse con sus amigos y buscando novias también. Por ahí conoció a su esposa. “Me di el lujo y el gusto de bailar en la terraza del Tigre Hotel al compás de las orquestas de Di Sarli y Pugliese”, recuerda orgulloso.
Cuenta que cuando dejaba el trabajo, no podía dejar de pasar por el club Glorias, donde aún hoy, el tercer jueves de cada mes, se junta con sus viejos amigos a recordar aquellos tiempos, comer algo y si pinta algún partidito de truco, le dan para adelante. “En los ’60 me vine para Pacheco, pero nunca dejo de ir para Tigre: ahí me conoce todo el mundo”, dice y no hay duda que es cierto, porque quién no oyó hablar de su especial sensibilidad con las manos.
Y en esa década, un grande posó su mirada sobre “Chiche”: Ford Motors Argentina, de Pacheco, lo convocó para que trabajara codo a codo con los ingenieros de diseño que largaban los primeros grandes prototipos nacionales. “Hice el Falcón Futura que llevaba vinílico hasta el techo, el Fairlane, la Ford Ranchera... Estuve 20 años en la Ford, me codeaba con altas autoridades y gané muy buen dinero”, revela. Dicen que dos millares de autos pasaron del diseño previo a sus manos.
Y don “Chiche” que seguía haciendo magia con sus manos, fue convocado después por la fábrica Eniak, para que dejara como sólo él sabe hacerlo aquellos autos de época llamados Antique, modelos tipo Jaguar para dos personas. “Eran autos como de Hollywood, de película, muy especiales. Cada uno era único. Habremos hecho unos 140 autos, todavía se ven algunos. Acá en Tigre hay un par, y por supuesto me los traen a mí para restaurarlos”.
Los Ford T, los Spider, los Sisitalia, los Hansa 1500, los Chevrolet, Mercedes Benz, aquellos modelos antiguos que uno no puede dejar de admirar van y vienen desde el taller de Chiche en Pacheco, como antes en Tigre. Siempre ahí, siempre embelleciendo vida y autos.

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